martes, 11 de octubre de 2011

Cristo de la Vera Cruz (Yacente) Fuentesaúco, Zamora


Stmo. Cristo de la Vera Cruz o Yacente. Anónimo s. XVII-XVIII
 Cofradía del Santo Entierro, Fuentesaúco (Zamora)



El Cristo de la Vera Cruz es una talla en madera que representa a Cristo muerto en la Cruz, de tamaño algo inferior al natural presenta los brazos articulados para representar el descendimiento de Cristo. Habitualmente se expone en su articulada urna de corte barroco, para representar el misterio del Santo Sepulcro.  La talla del Cristo mantiene las líneas habituales de este tipo de imágenes, especialmente las líneas de Cristo Nuestro Bien, Salamanca, de la Cofradía de la Vera Cruz de Salamanca. Frente a la verticalidad de los crucifijos articulados, esta imagen presenta un marcado dramatismo al dejar vencer el cuerpo que se adelanta sobre la línea de la Cruz, si bien este efecto no se observa al presentarse siempre en posición yacente. Las proporciones de la imagen son de líneas clásicas con una anatomía contenida y un tratamiento del paño de pureza de trazos rectos que cubre por completo la cadera de la imagen.

La obra destaca por el tratamiento de su policromía de gran fuerza y marcado dramatismo, sobre la encarnadura pálida y mortuoria del cuerpo se presentan numerosas marcas amoratadas y heridas sangrantes, cuyo máximo exponente se encuentra en la espalda desecha en llagas y con un gran torrente de sangre recorriendo la columna. La reciente restauración, llevada a cabo por Jaime Mateos Capel, ha devuelto todas las cualidades a la policromía recuperando la plena expresividad de la obra.

La urna del Santo Sepulcro de Fuentesaúco sigue las líneas arquitectónicas del Santo Sepulcro propiedad de la Cofradía de Santa Vera Cruz de Salamanca (foto).  La urna de base rectangular cuenta con un friso con cartelas de corte barroco (cuyo dibujo se ha perdido por sucesivas intervenciones), un cuerpo principal adornado con cristales separados por columnas, que alternan el fuste liso con el perfil salomónico en las esquinas, y una tapa de corte trapezoidal. El Santo Sepulcro de Salamanca fue donado en en 1678 y  está realizado en ébano, carey y plata presentando una línea sobria en su decoración con piezas de diseño rectilíneo. El elemento más identificativo del Santo Sepulcro de Fuentesaúco es la decoración de su tapa que recrea un camino de cipreses culminado por una cruz con los Arma Christi tallados a navaja, vinculado al denominado arte pastoril..

La datación oficial de la talla en el inventario diocesano lo sitúa en el siglo XVIII pero distintas noticias documentales  así como los rasgos de la obra podrían retrasar al siglo XVII su realización. Los primeros datos conocidos sobre el Santo Sepulcro lo sitúan a principios del siglo XVIII en la iglesia de las Angustias del hospital del Salvador en la hornacina derecha del altar de dicha iglesia, a cuya  su izquierda se encontraba la Virgen de los Dolores, titular de la iglesia. Los datos hacen referencia a la ejecución del retablo entre 1697 y 1700 para dicha iglesia, lo que  podría responder a la reciente presencia del Santo Sepulcro en dicha iglesia. La Cofradía de la Vera Cruz, de la que en las actas del siglo XIX figura como titular junto a la Virgen de la Soledad, tenía su sede en un humilladero cercano al Hospital del Salvador, un templo que a mediados del siglo XVIII debe abandonar la cofradía y que en  1679 fue declarado en ruina. Las reducidas dimensiones y la mala conservación del edificio puede que fuese el motivo por el cual la imagen titular no se encontraba en el humilladero si no en la iglesia del Hospital de mayor dignidad.

La participación del Cristo de la Vera Cruz en la Semana Santa estaba muy vinculada al acto del descendimiento. Dicha representación tenía lugar frente a la ermita del Humilladero el Viernes Santo, cuando la lluvia no permitía celebrarlo al aire libre el acto tenía lugar en la iglesia de Santa María del Castillo, hecho que acabó convirtiéndose en costumbre habitual. La celebración en la iglesia parroquial se fue consolidando,  realizándose en el presbiterio un agujero para acoger la cruz cada Viernes Santo.  La celebración contaba con una gran acogida popular que distorsionó el valor espiritual de la misma,  así el 29 de mayo de 1827 el obispo don Tomás de la Iglesia y España prohíbe la celebración del descendimiento por los altercados que provocaba, subiendo la gente a altares y retablos para poder ver la escenificación.


Puede asegurarse que desde el siglo XIX la participación del Santo Sepulcro en la Semana Santa tiene lugar en la procesión del traslado (antiguamente llamada del Santo Entierro), en la procesión del Santo Entierro (anteriormente denominada Procesión General) y en el acto de veneración a la talla el Sábado Santo.












Javier Prieto

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